Novena a la Santina
 
 
    

Es práctica común del pueblo cristiano preparar, durante nueve días, las grandes celebraciones del año litúrgico. También la novena es ocasión para acercarse a Dios por medio de María, por medio de los santos a fin de demandar de Dios algún favor: el que nos auxilie en tiempo oportuno.

La Novena de la Santina, en la vida de los cristianos de Asturias, es una ocasión entrañable para acercarse a la Madre de Jesús. Muchos suben a Covadonga con la ilusión de participar en la misma.     

Vienen en grupos parroquiales o individualmente. Uno o varios días. Otros, aunque quisieran peregrinar al Santuario, diversas circunstancias se lo impiden. Esta novena pretende ser un momento de encuentro para todos los que queremos “Orar con la madre de Jesús”. Tiene una parte fija; otra es variable.


 
 
Parte fija para todos los días
 
 


En el nombre del Padre...
Nuestra esperanza es María, a ella acudimos pidiendo auxilio para vernos libres de nuestros males; ella nos so-corre. (Si se hace en grupo se puede cantar "Bendita la reina" que sustituirá la antífona anterior) Se puede ir rezado las cincuenta avemarías, según se encintra en la página 20.
Reflexión para cada día de la novena
Preces:
A cada petición digamos: Intercede por nosotros Madre del Señor.
• Ruega ¡oh María! por el Pueblo de Dios
• Protege al Papa
• Ayuda a nuestro Obispo
• Haz que haya paz entre los pueblos
• Conserva en el amor a los esposos
• Cuida de los que no tienen trabajo
• Que los jóvenes y los niños crezcan en sabiduría
• Protege a los pobres
• Consuela a los enfermos
• Haz que desterrados y emigrantes puedan volver a la Patria
• Sé alivio de los moribundos
• Intercede por los que han muerto

Pídase La gracia a alcanzar en esta novena
Se rezan tres avemarías con el:
V/. Madre mía de Covadonga
R/. Sálvanos y salva a España

Oración final
Ayúdanos, Señora y Madre nuestra, a vivir en comunión sincera, sabiéndonos Iglesia de Dios, hermanos de Cristo e hijos tuyos para dar testimonio de unidad y reavivar en nuestro pueblo la fe. Amén


 
 
Reflexión para cada día de la Novena
 
 
DIA PRIMERO
Gloria de la Santísima Trinidad
Del evangelio de san Lucas l, -49
    E1 poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.
Dios se da a conocer a los hombres mostrándoles su gloria, y la gloria de Dios es una expresión que se emplea en la Biblia para designar las grandes obras que el Altísimo hace en favor de los hombres, o sus manifestaciones prodigiosas.
    En Jesús, particularmente en su muerte y su resurrección, se manifiesta la gloria de Dios Padre y haciéndose obediente hasta la muerte y muerte en cruz, Cristo Jesús le glorifica. Este gesto de glorificación llega a los cristianos y la Virgen María es la primera en beneficiarse: llena del Espíritu Santo es hecha esposa de Dios Padre y madre de su Hijo Unigénito.
    En la Virgen todo es hermoso porque en ella se palpa la gloria de Dios. En la Virgen, al dar a luz al Salvador del mundo, la Santísima Trinidad se dignó revelar el esplendor de su gloria.

DIA SEGUNDO
Madre de los que son de Cristo
Del evangelio de san Juan 19, 25-2

    Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús al ver a su madre y cerca al discípulo a quien tanto quería, dijo su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
    Por la fe y el bautismo el cristiano es miembro del cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia y ésta nace del costado de Jesús, nuevo Adán, “dormido” en el árbol de la cruz. A la Iglesia Jesús le di-ce como en otro tiempo Adán a Eva, “tú sí que eres hueso de mis huesos y carne de mi carne”.
    María es la Virgen madre del Señor y Jesús al nacer de María se ha hecho nuestro hermano; María es nuestra Madre porque nosotros somos, por el bautismo, miembros del Cuerpo de su Hijo.
    En la cruz la Virgen recibió de su Hijo Jesucristo un encargo maternal: ser madre de los que son de Cristo. A nosotros nos toca acogerla en la casa de nuestra vida.

DIA TERCERO
Fuente limpia de la fe
Del evangelio de san Lucas l, 39.4345
    En aquel tiempo, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel... Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito... ¡Dichosa tu que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
    La fe es un don de Dios y ésta brota de la predicación de la Palabra, Cómo van a creer, afirmará san Pablo, si nadie les predica.María es la mejor de las oyentes ya que puso su fe en la Palabra de Dios que escuchó de boca del ángel.
    La Palabra escuchada en ella se hizo carne. Jesús fruto bendito de su vientre, Palabra escuchada y creída, fue siempre para ella un gran misterio saboreado por medio de una meditación sosegada.
    La Virgen, fuente limpia de la fe, traza para nosotros un camino creyente.

DIA CUARTO
Virgen siempre orante
Del evangelio de san Lucas 1, 46-47
    Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.
    María es la Virgen siempre orante porque constantemente observa y medita la vida de su Hijo.
    De su corazón brotó un canto de alabanza cuan-do visitó a su prima Isabel. Ella, con el alma levantada hacia el Señor, le da gracias constantemente.
    Suplica a su Hijo Jesucristo, como en otro tiempo hizo en Caná de Galilea, que nunca falte al hombre la alegría que viene de Dios y que llega a nosotros por la muerte y resurrección de Jesús.
    Ella nos enseña a estar ante el Señor en una actitud de constante disponibilidad y obediencia, para que el Poderoso nos pueda rodear con los “brazos” de su ternura.

DIA QUINTO
Triunfadora del mal
Del libro de Judit 9, 10-11
    Destruye, oh Señor, por medio de una mujer, su arrogancia. Porque tu poder no depende el número, ni del valor de los hombres tu fuerza. No hay mal mayor y peor que el pecado, y no hay victoria más grandiosa que la que se llevó a cabo en la cruz, dado que en ella el pecado fue dérrotado por el amor de Jesús.
    En la cruz el Hijo de María se muestra como Señor que vence el pecado y la muerte por medio de su muerte y su posterior resurrección. Gracias a ellas, el Señor abre para nosotros el camino que lleva a la vida.
    Junto a Él, en el Calvario, está María ofreciéndose con su Hijo para la salvación del mundo. Ella, desde la cruz nos dice: “Venid y ved” a Jesús, consagrado por el Espíritu Santo, que es imagen visible del Dios que no se ve. “Venid y escuchad” a Jesús que es la Palabra y Sabiduría de Dios por medio del cual Dios Padre creó todas las cosas. “Venid y comed” a Jesús que es el Pan de la Vida que da vida al mundo.

DIA SEXTO
Consuelo de Nuestra vida
Del evangelio de san Lucas 2, 15-17
    Los pastores se decían los unos a los otros: vamos a Belén... y hallaron a María y a José y al niño echado en el pesebre. La vida del hombre está sujeta a muchas dificultades que en ocasiones son para él causa de sufrimiento. Dios Padre no es insensible a nuestro llanto y en Él hay un deseo de consolar.
    El consuelo de Dios es Cristo, nacido de la Virgen, que perdona nuestras culpas y cura nuestras enfermedades. Cristo es la cabeza de la Iglesia, y la Iglesia es la Ciudad Santa de Dios. María es imagen y figura de la Iglesia. En ella Dios Hijo se posó.
    La Iglesia nos da a Cristo por medio de los sacramentos, como en otro tiempo la Virgen nos lo dio en la pobreza de nuestra carne.
    La Iglesia y María consuelan al hombre dándole a Jesús, en quien encontramos la alegría y la paz que brotan de su resurrección. El constantemente nos dice: “los que estáis cansados y agobiados venid a mí”.

DIA SEPTIMO
Guía segura de la Iglesia
De los Hechos de los Apóstoles 1, 14
    Todas ellos se dedicaban a la oración en común junto con algunas mujeres, entre ellas María la madre de Jesús.
    La Virgen María ha recorrido los caminos de la fe, que son de confianza y abandono en la Palabra de Dios, – que ella siempre acogió a modo de luz en el sendero de su vida –, y por ello goza ya ríe la gloria de Dios a cuya derecha está de pie, como reina preciosa. Asunta al cielo es para la Iglesia signo de esperanza segura.
    El paso del hombre por este mundo está llamado a terminar bien. En el regazo de Dios. La Iglesia, ansiosa de estar con Cristo, sigue los pasos de la Virgen a fin de llegar a la glorificación que le corresponde como cuerpo que es del Hijo de María. María es la estrella que anuncia el día y que, por ser este día ya todo de Dios, no conoce atardecer.

DIA OCTAVO
Estrella de la evangelización
De los Hechos de los Apóstoles 1, 8
    Jesús les dijo: “Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo".
    El Señor encargó a sus discípulos una tarea: dar a conocer el evangelio. La evangelización es esencial en el hacer de la Iglesia, y ésta aparece ante el mundo como el recinto donde se vive la oración que brota del amor.
    El evangelio que se proclama se hace realidad en todo aquel que lo recibe con fe.
María creyó en la encarnación del Hijo de Dios en su seno por obra del Espíritu Santo, tal como fue anunciado por el ángel; lo celebró con su canto; lo llevó en su seno a su prima Isabel, cuyo hijo saltó de gozo en sus entrañas al captar la presencia del Salvador.
    Creer, celebrar, anunciar a Jesucristo resucitado de entre los muertos, es el camino que la Virgen Madre ofrece a la Iglesia, y a cada uno de los que de ella formamos parte, a fin de que los hombres vengan a la fe.

DIA NOVENO
Comienzo de un mundo nuevo
Del libro del Apocalipsis 21, 1-2
    Vi un cielo nuevo y una tierna nueva, porque el pómez cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe. Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo.
    Todo aquel que cree en Jesús, hijo de María, como Salvador y Señor por medio de su muerte y de su resurrección, le llena de alegría el saber que la vida de los que son suyos por la fe y el bautismo no termina con la muerte, se transforma; sabe el cristiano que en la comunión eucarística que ha recibido a lo largo de su vida, ha comido la Vida que no acaba: Cristo Jesús.
    La Virgen, Madre del Señor, constantemente nos invita a que nos acerquemos a ella para que nos saciemos del fruto precioso de su vientre que es Jesucristo.
    En ella comienza un mundo nuevo porque llevó en su seno a Aquel que, por medio de su muerte y resurrección, todo lo hace nuevo.