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Covadonga en los s. XVI y XVII

Después de un silencio de dos siglos, en que apenas documento alguno hace mención de Covadonga, aparece el Rey Felipe II enviando a su cronista, Ambrosio de Morales, a que visite el Santuario y le diese cuenta de su estado.


Llegó Morales a Covadonga en el año 1.572 y, en su interesante obra "Viaje Santo" describe cómo se hallaba en aquella fecha la Santa Cueva y la Capilla construida en su interior.    
Dice así

"Para hacer la iglesia en la misma Cueva, porque el suelo era muy pequeño, encajaron en la peña vigas, cavando agujeros, los cuales vuelan tanto, sin ningún sostenimiento, que parece milagro no caerse el edificio, y de esto tiene temor quien mira de abajo. Quedó así el suelo parte de la peña y parte de esta madera, para hacer una iglesia más larga, no toda tuvo altura bastante, y hay covachas y otras entradillas, que no quisieron picar, a lo que yo creo, por dejar lo más que se pudiera de lo natural. Hay forma de Capilla mayor con un arco labrado de piedra, y otro al lado, que parece hacer nave; mas todo tan pequeño, que estando el sacerdote y el ministro en la Misa, no cabe ya más nadie dentro de lo que es la Capilla. Anchura tiene la iglesia, aunque desigual, y no conforme nada con el lado contrario, que es el de la madera; y porque si el coro estuviera abajo, ocupara mucho allá arriba lo repartieron bien con otro altar, porque que alcanza mal el abajo. Con esto hay en la iglesia Capilla mayor, con laterales, coro y algo a la manera de crucero. Esta iglesia dicen que la labró el Rey D. Alfonso el Casto che Alfonso I) de la manera que ahora está, y que así dura desde entonces milagrosamente sin pudrirse la madera. Dios más que esto puede hacer; mas yo veo manifiestas señales en todo de obra nueva, y no del tiempo de aquel rey. En el altar mayor está una imagen de Nuestra Señora, de obra bien hecha. Con esta imagen se tiene gran devoción en esta tierra, y se hacen en ella grandes romerías, y hay gran concurso el día de Nuestra Señora de septiembre y por ello se llama el Monasterio de Santa María de Covadonga. En el altar está siempre una cruz harto grande, de plata".

Durante el pontificado del Obispo D. Diego Aponte de Quiñónes (1.585-1.599), se construyó la iglesia de San Fernando, que se conserva actualmente en buen estado. Tiene torre cuadrada, bóveda de crecería y coro. Adosada a esta iglesia, sobre la primitiva vivienda de monjes Benedictinos, se levantó la Colegiata que hoy existe que Con el paso del tiempo vino a llamarse "Casa de las Novenas".





 
Las partes más antiguas de este edificio corresponden a dos sepulcros de abades de estilo románico y que se encuentran en el claustro bajo flanqueando la entrada del actual "Cementerio de los Canónigos". En este claustro bajo, en la pared de una de sus crujías, se encuentra el sepulcro de D. Pedro José Pidal y Món, primer marqués de Pidal, concedido por el Cabildo de Covadonga en la segunda mitad del siglo XIX. En la iglesia de la Colegiata cabe destacar un retablo barroco procedente del Monasterio de Santa María de Valdedios en el cual hay una bellísima imagen de alabastro obra de José Capuz. 

 Felipe IV sería el gran impulsador de Covadonga al facilitar el paso del Cabildo regular a secular aumentando la dotación y elevando el número de los capitulares. Para ello se construyeron once casas como lugar de vivienda para seis canónigos y cinco beneficiados y un albergue de peregrinos.
El reinado de Carlos II trajo para Covadonga la construcción de una escalera de subida a la Santa Cueva y que viniese a sustituir la antigua de madera. Es la llamada escalera del perdón, o de las promesas. El reinado de Felipe V fue también beneficioso para Covadonga,  agregó a la Colegiata las rentas de la antigua abadía de Muñón.            

Santuario de Covadonga

Página Oficial del Santuario de Covadonga

 
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